lunes, 20 de noviembre de 2017

La lengua de los dioses del Olimpo

¿Qué revela el éxito de venta al público del ensayo La lengua de los dioses de Andrea Marcolongo, más de 150.000 ejemplares vendidos en Italia, todo un best seller, traducido ahora a la lengua de Cervantes y a punto casi también de llegar a ser un superventas entre nosotros? Su éxito no radica en el descubrimiento del Mediterráneo, que ya está muy descubierto. Tampoco demuestra que un idioma que se creía extinto y diferente del griego contemporáneo, del que no difiere tanto por otra parte, interese mucho ahora de repente en estos tiempos donde sólo parece haber sitio para lo práctico y utilitario inmediato, es decir para la informática usuaria y el inglés comercial básico que sirve para redactar un curriculum vitae y poco más. Lo que muestra a mi modo de ver es la mala conciencia de políticos, autoridades académicas y pedagógicas y demás responsables del desaguisado que, tras haber arrinconado la dulce lengua de Homero con sucesivas leyes que la ningunean del sistema de enseñanza en favor de nuevas tecnologías, robóticas y psicagogías varias, haciendo que entre en competencia desleal con otras asignaturas más atractivas aparentemente y más modernas y mileniales como son la Psicología, la llamada Literatura Universal o, last but not least, la dichosa Economía, y exigiendo un número mínimo para que se imparta de por lo menos diez alumnos matriculados, creo que es, con el mismo tratamiento que se da a cualquier otra optativa, salvo a la sacrosanta Religión, olvidando que el griego estaba antes que muchas de estas materias que han irrumpido con ímpetu y brío amparándose en la autonomía de los centros para crearlas ex nihilo, quieren ahora resarcirse y lavar, como suele decirse, su mala conciencia reivindicando el helenismo como adorno cultural. Ya se sabe, un poco de culturilla barata no está nada mal como barniz de la ignorancia. 

Ilustración de Ulises Culebro, tomada de El Mundo (4 noviembre 2017). 

Se habla de la importancia que tienen hoy las lenguas “vivas”, contraponiéndolas a las “muertas”, y se cree que con el estudio del latín, como mucho, ya vale no ya para un estudiante de humanidades, que no lo necesita, sino para un futuro filólogo inglés, por ejemplo, que ya ni siquiera se llaman así, sino graduado en estudios ingleses (sic). ¿Para qué vamos a meternos en esa intrincada selva de aoristos temáticos y atemáticos, de voz media y modo optativo, además de indicativo, subjuntivo e imperativo, y de número dual, a más de singular y plural, y un alfabeto que, aunque sea el origen del nuestro y del cirílico, sobrevive de milagro? Un titular de El Mundo (4 de noviembre de 2017) sobre el libro de Marcolongo decía: "Griego antiguo: ¿Por qué un idioma muerto es más útil hoy que estudiar robótica?".   La contraposición “idioma vivo/idioma muerto” es falsa en el sentido de que las sedicentes lenguas vivas están hoy más que nunca muy muertas, sólo sirven para comunicar ideas personales, cerrar negocios y expresar opiniones y lugares comunes, los manidos tópicos, que no tienen el más mínimo interés general o común, y que las llamadas lenguas muertas como el latín y el griego, que no es un idioma muerto porque se sigue hablando en Grecia y en Chipre, aunque sea una lengua minoritaria en Europa y en el mundo, por no hablar también del sánscrito, siguen muy vivas y comunicativas.



Como dice Marcolongo, rebelándose contra la visión mercantilista y utilitarista de la enseñanza, la cultura está para formar, no para producir clientes o consumidores. Sin embargo, lo que le interesa al sistema o Establishment, por decirlo en la lengua del Imperio, es  estabular votantes y contribuyentes, para lo que la llamada cultura suele ser un ornamento cuando no un no pequeño obstáculo, y no porque la cultura se oponga a eso, sino porque nos distrae de lo que realmente importa, que es el dinero, haciendo que nos interesemos por otras cosas que no reportan beneficios económicos, y que son paradójicamente, por eso mismo, las que más valen. Dice la autora en la entrevista que concedió al periódico: «Estudiar griego prepara para la vida de tres formas. Primero, porque es difícil. Yo rechazo la tentación contemporánea de la facilidad. La vida no es fácil, para conseguir cualquier cosa hace falta esforzarse; segundo, porque requiere tiempo, lo que choca con nuestra obsesión por la velocidad, por querer preparar una tarta con un tutorial de dos minutos en YouTube; y tercero, porque nos ayuda a conocernos mejor». Y tiene razón. 


Incluso los cada vez menos alumnos que eligen Griego en sus estudios de Bachillerato, pero no  nos engañemos, nunca hemos sido muchos ni mayoría democrática, se ven obligados a justificar su decisión en su propio entorno donde sufren incomprensión de sus familiares y amigos al elegir una opción tan minoritaria, porque es mejor estudiar matemáticas o economía, que van a necesitarlas en un futuro (que por definición no existe), y no griego que no te hace pensar en el trampantojo del porvenir, sino más bien te hace olvidarte del incierto día de mañana y te distrae de lo que importa. Graecum est, non legitur, se decía en la Edad Media, cuando se ignoraba la lengua de Sócrates, y se alardeaba de ello diciendo que era griego y no se entendía ni podía leer, como si fuera chino, y cuando la doctrina de la iglesia Católica, Apostólica y Romana sentenciaba que el griego no era necesario para el sustento de la cristiana fe. Y es que hemos llegado a una situación en la que ya no hablamos griego, sino gringo y mal, y sólo interesan las salidas profesionales de la enseñanza, lo que es una aberración: ya sabemos cuál es el oficio más viejo del mundo, y si la prostitución aspira a su legalización y dignificación -es un trabajo como los demás, se dice a veces-, el resto de oficios y profesiones del mercado laboral no deja de ser venta de nuestra fuerza de trabajo al mejor postor, en términos marxistas, o, simplemente, prostitución. 

 "Y en paz creéis estar, pero la guerra gobierna toda la tierra" (Calino de Éfeso)

En muchos centros públicos, y no digamos ya privados, de docencia ha desaparecido la posibilidad de estudiar griego, amparándose en la autonomía pedagógica de la que gozan para fijar los planes de estudios (y no impartir esa materia es ahorrar en un profesorado que requiere además una considerable especialización) o bajo el pretexto de que no hay suficiente demanda para formar grupo, cuando en algunos casos ni siquiera se ofrece la posibilidad en la matrícula,  por lo que si no se oferta, como dicen los mercachifles, no puede elegirse ni haber demanda, situación que han agravado los fuertes recortes en la educación pública sufridos en este país. He oído utilizar el argumento de la “rentabilidad” y decir a una autoridad académica (¡manda uebos!),  que no era rentable ofrecer la posibilidad de estudiar griego en el Bachillerato Nocturno. También que era un “lujo asiático” (sic) mantener una asignatura con cuatro o cinco alumnos. No puedo dejar de recordar en este punto que cuando yo estudiaba COU, el equivalente grossissimo modo de 2º de Bachillerato actual, hace ya cuarenta años, que se dice muy pronto, éramos cuatro, ni uno más ni uno menos, los alumnos que leíamos la apología de Sócrates de Platón y la Elegía a las Musas de Solón en la lengua en la que fueron escritas en aquel instituto rural. 

 

Resulta sarcástico que se interesen ahora por la lengua de Homero y se compren el libro de Andrea Marcolongo para culturizarse un poco, no mucho, los responsables de su práctica extinción. Otra cosa será que se lo lean y les aproveche.  Igual que es un sarcasmo, por otra parte, que los fautores de la desaparición del Bachillerato Internacional de Humanidades y Ciencias Sociales en un instituto de rancio abolengo de cuyo nombre no quiero acordarme, que decidieron que no se constituyera grupo si no se matriculaban por lo menos nueve alumnos, propongan como plan de mejora y objetivo para el futuro, es decir para nunca, porque el futuro no existe, “recuperar el itinerario de Humanidades y CCSS” en el Bachillerato Internacional. ¿No recuerda un poco esto a aquellas sarcásticas declaraciones del veterano de la guerra del Vietnam que reconoció que destruyeron la aldea para salvarla:  We must destroy this village in order to save it!? 

viernes, 17 de noviembre de 2017

Corporis partes: VI. - Algo in mente.

Vamos ahora a parar mientes en la palabra mente, que procede de la latina MENTEM tras la caída de la –M final. Siguió su evolución  y resultó en su momento MIENTE, porque el diptongo IE es la solución de la  E breve y tónica en castellano, pero esta forma, que estuvo vigente hasta nuestro Siglo de Oro, cayó pronto en desuso, y hoy apenas se emplea como arcaísmo y en plural en expresiones como pasársenos algo por las mientes o parar mientes, que significa prestar atención.  Nos encontramos, pues, con que la forma que ha perdurado no es la evolucionada miente, que sería nuestro término patrimonial,  sino el cultismo restituido mente.

 

Si damos un rápido repaso a las lenguas romances hermanas, observamos que en gallego, portugués e italiano decimos mente, en catalán se dice ment, en francés se utiliza otra palabra de origen latino para la mente como por ejemplo esprit, pero se  usa -ment como terminación adverbial  y el adjetivo mental, que también existe en inglés por influencia francesa mental, mentality, y en rumano tenemos minte. En inglés, pero de origen indoeuropeo y no latino, relacionado con MENTEM tenemos mind.
 
De mente derivan el adjetivo mental y los sustantivos mentalidad, mentalismo, y mentalista pero también el verbo mentar y el sustantivo mención y su verbo mencionar.

Vamos a considerar dos compuestos que significan “privado de inteligencia y de cordura”. Ambos tienen un prefijo privativo: en un caso DE- y en el otro VE-. Se trata de demente, y su familia demencia y demencial,  que usamos muchas veces con el significado de locura, por ejemplo en la expresión demencia senil, y  vehemente, que propiamente significa impulsivo, impetuoso, y su familia vehemencia.

Mención aparte merece, por lo curioso que resulta,  el nombre parlante o significativo Mentor, nombre propio en su origen del consejero de Telémaco, el hijo de Odiseo/Ulises, derivado de la misma raíz indoeuropea que mente, que se ha convertido en nombre común, lo mismo que le sucedió a Mecenas. Un mentor es una persona que aconseja y protege a otra, un hombre con experiencia de la vida, además de un verdadero amigo, un maestro en suma que aconseja a un joven.  En la Odisea de Homero, es la propia diosa Atenea, que encarna la sabiduría, la que adopta varias veces la figura de Mentor, viejo amigo de la familia al que el héroe había confiado la custodia de sus intereses cuando partió para la guerra de Troya, para acompañar y guiar a Telémaco.


La diosa Atenea, transformada en Mentor, guiando a Telémaco, dibujo de John Flaxman.

La pervivencia de esta palabra puede rastrearse en la obra “Las aventuras de Telémaco” del escritor francés F. Fénelon, publicada en 1699 y muy popular durante el siglo XVIII, donde se dibuja el carácter de este personaje.
 
Otro de los compuestos más curiosos es mentecato que procede de la expresión latina MENTE CAPTUS que literalmente significaba “cogido de la mente”, es decir, que no tiene toda la razón. Y de este mentecato salen ya la mentecatería y la mentecatez.

Un compuesto interesante es comentar, que procede del verbo COM-MENTARI, y que con el prefijo COM- significa aplicar la inteligencia a algo.

Pero quizá el derivado más chocante sea el verbo mentir, que ya existía en latín MENTIRI, y que en principio significaba inventar, imaginar, derivando después a su significado más conocido de no decir la verdad y, por lo tanto, engañar. De ahí derivan todas las mentiras, los mentirosos y las mentirijillas.



De la misma raíz indoeruropea de la que viene mente, que era *mN, con archifonema nasal, unas veces resulta men- como en mente, y los derivados que hemos visto hasta ahora,  pero otras veces puede resultar mem- como en MEMORIAM, que es el origen de nuestra memoria tan injustamente desprestigiada por los modernos sistemas de enseñanza, de la que no podemos olvidarnos alegremente sin caer en el síndrome de Alzheimer y convertirnos en unos desmemoriados que han perdido el memorial de su memoria histórica, cayendo en el hondo pozo de la amnesia por falta de práctica mnemotécnica. Que ya lo decía Cicerón: memoria minuitur nisi eam exerceas: la memoria se atrofia si no la ejercitas.

Del verbo MEMORARE, que en latín significaba recordar, hemos heredado los compuestos conmemorar y rememorar, concurriendo este último con su término patrimonial remembrar. Quizá convenga detenerse un momento en la evolución de REMEMORARE, que con la pérdida de la –E final de los infinitivos quedó en castellano REMEMORAR. Este cultismo evolucionó tras la pérdida de la vocal interior pretónica O a REMEMRAR, surgiendo una B epentética para permitir su pronunciación: REMEMBRAR, fenómeno que podemos observar en otras palabras como HOMINEM>hombre (pasando por omre en castellano viejo)  o FEMINAM>hembra (pasando por fembra) .

En relación con la memoria se utiliza a veces en castellano el latinajo memento (mori), que en su forma simple como imperativo que es del verbo MEMINISSE significa sólo recuerda y la expresión completa recuerda que mueres, que eres mortal, ten in mente el hecho de la muerte, tu mortalidad, uno de los tópicos del arte barroco relacionado con el de la fugacidad de la vida y los del carpe diem y el tempus fugit. Se cuenta que este memento mori era la frase que se repetían los monjes trapenses cada vez que se encontraban. También se denomina así a la calavera, símbolo de la muerte, que nos advierte de nuestra condición mortal en el arte barroco. Igualmente dentro de las partes de la misa se habla del memento de los vivos y el de los difuntos. Del verbo REMINISCI, relacionado con MEMINISSE, tenemos en castellano reminiscencia, que suele ser un recuerdo un tanto vago e impreciso, pero remembranza al fin y al cabo.

Hemos de tener en cuenta entre los derivados de MENTEM el numerosísimo grupo difícil de inventariar, porque es un procedimiento gramaticalmente vivo, de adverbios de modo y manera que acaban en –mente. Quizá su origen haya que buscarlo en expresiones adjetivas que ya existían en latín clásico y que se utilizaban en caso ablativo para indicar circunstancias modales: sincera mente, por ejemplo en este verso de una comedia de Plauto (Bac. 509): ego animum mente sincera gero, donde Mnesíloco le dice a su padre que lleva bien su ánimo “con mente inalterada”. En estos casos, por cierto, el adjetivo (“sincera” en el ejemplo) concuerda en género femenino, número singular y caso ablativo con el sustantivo mente: con mente sincera, inalterada… No poco curioso resulta por otra parte el origen del adjetivo sincero, dicho sea de paso, que, como apunta Marouzeau, significa “sin cera” y alude a la miel pura que elaboran las abejas, sin adherencias de cera.

 La mente, como un paraguas, no sirve si no se abre (abierta mente).

Los adverbios en –mente, como sinceramente tienen dos acentos, el del adjetivo y el del sustantivo, porque aunque se escriban como una sola palabra siguen sintiéndose como dos. No sólo abundan en castellano, sino también en gallego, portugués, catalán, francés e italiano.

Siguiendo con la raíz indoeuropea *meN, hay que decir que presenta una variante con vocalismo O, que es *moN, de donde surge en latín el verbo MONEO aconsejar, que nosotros conservamos en monitor, con el sufijo –TOR de agente masculino: aquel que nos aconseja, y en los compuestos premonición, con el significado de advertencia previa que le da el prefijo PRAE-, y admonición, que viene a ser un sinónimo de aviso, sin olvidar amonestar y amonestación, que efectivamente son advertencias o avisos con una recriminación añadida. De esta misma raíz procede monumento con el significado de recuerdo, generalmente de algún muerto, testimonio, memorial…

Merece la pena detenerse un poco en un curioso derivado del verbo MONEO que es moneda, procedente de MONETAM, uno de los sobrenombres de la diosa Juno: Iuno Moneta, algo así como Juno la consejera. Junto al templo que se levantaba en Roma de Iuno Moneta se acuñaba la moneda, que es la evolución de MONETAM tras la caída de la –M final y la sonorización castellana de la -T- intervocálica, que se convierte en -D-, conservándose en castellano en adjetivos cultos como monetario, que evoluciona a su vez por la vía popular al término patrimonial monedero, donde se guardan las monedas.

En relación con esta misma raíz tenemos MONSTRUM en latín clásico, que dio en castellano la forma ya en desuso, mostro, y en latín vulgar MONSTRUUM que evoluciona a monstruo, que viene a ser un prodigio que señala la voluntad de los dioses, por la creencia de que estas monstruosidades eran advertencias o amonestaciones divinas, de donde deriva el significado de algo extraordinario y sobrenatural, y relacionado con esto el verbo MONSTRARE, indicar la voluntad divina en primer lugar, y en fin simplemente mostrar, demostrar, muestra, muestrario. 

Aunque a primera vista parezca que no guardan mucha relación, las musas, hijas de Júpiter/Zeus y de Memoria/Mnemosine, divinidades que presidían las artes temporales, con la música y su murgas en primer lugar como la más significativa, pero también las bellas artes o espaciales, cuyas obras se atesoran en los museos que llevan su nombre, las musas también derivan de la raíz *moN, mas el sufijo –twa-.

La raíz indoeuropea, que hemos visto bajo sus formas *meN y *moN puede presentar en griego sobre todo la forma que se denomina grado cero *mN, dando origen a algunos helenismos relacionados con la memoria que conservamos en castellano: como amnesia, con prefijo privativo a-, de donde también deriva amnistía, con el significado de perdón, y mnemotécnico y mnemotecnia, el procedimiento que nos ayuda a recordar algo mediante alguna asociación mental. 

La muy manida frase “Mens sana in corpore sano”, sacada de un hexámetro de Juvenal, se ha entendido casi siempre mal, en el sentido de que hay que cultivar la inteligencia a la vez que el cuerpo. El contexto del dicho de Juvenal es “Orandum est ut sit mens sana in corpore sano” (Iuv. 10, 356), que propiamente significa: “hay que pedir a los dioses que haya (que nos den) una mente sana en un cuerpo sano”. Dice el poeta que el hombre verdaderamente sabio no pide al cielo más que salud, en el sentido amplio de la palabra: mental y corporal. Sin embargo suele citarse esta expresión para indicar que la salud del cuerpo es condición indispensable para la salud del alma, y que hay que esforzarse por lo tanto en cultivar la mente tanto como el cuerpo.

martes, 14 de noviembre de 2017

¿Homenaje o ultraje a la bandera?

Recojo aquí y me hago eco de la propuesta de homenaje a la bandera que hizo el escritor Rafael Sánchez Ferlosio a propósito de la creación ex nihilo de la Comunidad Autónoma de Madrid en 1983, cuyo himno compuso Agustín García Calvo, con música del maestro Pablo Sorozábal Serrano,  por encargo de su primer presidente Joaquín Leguina por el módico precio de una peseta, y cuya bandera definió Santiago Amón Hortelano con diseño de José María Cruz Novillo, según leo en la inevitable Güiquipedia: un fondo rojo carmesí según unos, pero según otros que no se ponen de acuerdo en esto, rojo vivo o encendido con siete estrellas blancas de cinco puntas cada una situadas en el centro en dos filas, cuatro arriba y tres debajo.



Con el objeto de dar mayor vivacidad y color festivo al fervor ceremonial que siempre debe rodear el merecido culto a la bandera de esta comunidad, la comisión de protocolo de la Autonomía de Madrid se complace en anunciar al público que, entre las prácticas rituales oficialmente reconocidas y prescritas para mejor honrar y celebrar dicha bandera, queda incluida la de su propia combustión, no teniéndola en adelante por agravio, sino por acendrada expresión del más devoto acatamiento, y con la sola reserva de que la limitación de las disponibilidades presupuestarias asignadas por la comunidad al capítulo de banderas pudiese eventualmente recomendar alguna siempre momentánea restricción en el legítimo ejercicio de esta específica forma de culto a la bandera consistente en el homenaje incineratorio.

No estaría mal que este “homenaje incineratorio” que propone Ferlosio, y que en el caso de la Comunidad de Madrid podría acompañarse con la ejecución cantada del himno correspondiente,   se hiciera extensivo a las banderas de las restantes comunidades y a la de toda la nación y a la europea, de la que hablamos aquí,  y a las de todos los Estados y nacionalidades del orbe de las tierras, sin que su combustión se considerara un agravio o un ultraje, sino, por el contrario, el más acendrado, nunca mejor dicho, homenaje que pudiera hacérseles. 



Yo estaba en el medio: / giraban las otras en corro / y yo era el centro. / Ya el corro se rompe, / ya se hacen estado los pueblos, / y aquí de vacío girando / sola me quedo. / Cada cual quiere ser cada una: / no voy a ser menos: / ¡Madrid, uno, libre, redondo, / autónomo, entero! / Mire el sujeto / las vueltas que da el mundo / para estarse quieto.


Yo tengo mi cuerpo: / un triángulo roto en el mapa / por ley o decreto, / entre Ávila y Guadalajara, / Segovia y Toledo: / provincia de toda provincia, / flor del desierto. / Somosierra me guarda del Norte y / Guadarrama con Gredos; / Jarama y Henares al Tajo / se llevan el resto. / Y a costa de esto, / yo soy el Ente Autónomo Último, / el puro y sincero. / ¡Viva mi dueño, / que, sólo por ser algo / soy madrileño!


Y en medio del medio, / capital de la esencia y potencia, / garajes, museos, / estadios, semáforos, bancos, / y vivan los muertos: / ¡Madrid, Metropol, ideal / del Dios del Progreso! / Lo que pasa por ahí, todo pasa / en mí, y por eso / funcionarios en mí y proletarios / y números, almas y masas / caen por su peso; / y yo soy todos y nadie, / político ensueño. / Y ése es mi anhelo, / que por algo se dice: "De Madrid, al cielo".

 Ceremonia de incineración de bandera mexicana.

En México existe un protocolo para la ejecución de la ceremonia de incineración de la bandera nacional, previsto sólo en caso de que esta haya sufrido algún deterioro, lo que conlleva que el paño descolorido o estropeado, una vez reducido a cenizas tras rociarlo, supongo, con alcohol o gasolina para una rápida y segura combustión, sea sustituido por otro nuevo, previa autorización de las autoridades correspondientes, lo que, como puede verse, guarda cierta relación de semejanza con el mito del renacimiento del ave Fénix.

Según lo que estipula La Ley sobre el Escudo, la Bandera y el Himno Nacionales de aquel país: “Las cenizas de esta bandera deberán ser resguardadas o enterradas como un simbolismo de regreso a las entrañas de la Patria. La Bandera Nacional es un objeto sagrado, que incinerado y transformado en polvo vuelve a sus orígenes.” Se identifica así la Patria con la propia tierra, es decir se hace que el adjetivo suplante al sustantivo, pues, como se sabe “patria” es la forma femenina del adjetivo patrio, que significa concerniente al padre, que determinaba al sustantivo “tierra” en la expresión “tierra patria”, y se oculta el sustantivo “tierra” a la vez que se procede a la sustantivación del adjetivo al que, para mayor gloria de Dios, se le impone la mayúscula honorífica, por lo que se dice que las cenizas de ese “objeto sagrado” que es el pendón nacional, al ser enterradas, simbolizan el “regreso a las entrañas de la Patria”, lo que no deja de recordarnos por otra parte lo que le dijo Jehová a Adán en la Biblia: con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, pues de ella has sido tomado, ya que polvo eres y al polvo volverás (pulvis es et in pulverem reverteris), (Génesis, 3, 19), sobre todo cuando se le imprime carácter sacrosanto a dicho emblema que “transformado en polvo vuelve a sus orígenes”.


Así continúa la susodicha ley: “El emblema nacional al ondear libre nos recuerda lo más hermoso de nuestra patria, superior, excelsa, que nos unifica y obliga por igual y a la cual todos nos debemos. Al unísono decimos adiós a las cenizas que regresan a la tierra, quien con amor las toma en su regazo. Así piensa el pueblo de México de sus símbolos patrios”.


Es cierto que la imagen de una bandera es bella cuando ondea libremente al viento, pero es hermosa porque flamea y porque cuando lo hace sugiere precisamente su propia combustión, la suya propia y la de todas las demás banderas, reales y falsas como son; reales en cuanto que símbolos de las patrias existentes, pero falsas en cuanto que todas y cada una de ellas pretenden ser la única y verdadera, arrogándose la supremacía y exclusividad de encarnar a la Patria, cuando lo que hay no son más que “patrias chicas”, por así decirlo, que simbolizan la división aleatoria y arbitraria de la humanidad, basada en criterios geográficos e históricos como el lugar en que hemos nacido y la lengua que hemos aprendido a hablar, sujetos a cambios como están ya que ninguna patria es idéntica a sí misma siempre. No hay pues ultrajes a la patria ni a la bandera; el ultraje es que haya patrias y banderas, da igual que grandes o chicas,  municipales, autonómicas, nacionales o europeas.

A la pregunta de qué es la Patria, podrían responderle bien aquellos versos: -Una idea, nada más, / como cualquiera otra, falsa, impuesta. / Nuestra patria es el amor, / perdido paraíso sin fronteras. / Otra patria no es verdad / ni digna de que nadie la defienda: / patria no hay que valga más,  / ni noble patriotismo a fin de cuentas. 

Flamear según la RAE de la Lengua deriva del latín “flamma” que origina nuestra palabra patrimonial “llama”, y los cultismos "flamante" y "flamear". Se define en primer lugar en su acepción culinaria como “rociar un alimento con alcohol y prenderle fuego”, también “despedir llamas” y, finalmente, y dicho de una bandera, “ondear movida por el viento, sin llegar a desplegarse enteramente”, porque sus ondulaciones, acompasadas del crepitar del paño batido por el viento, sugieren las llamaradas del fuego fulgurante. No hay espectáculo más bello que una bandera al viento, porque simboliza la disolución de sus colores y su propia indefinición y deflagración, la ecpirosis o purificación por el fuego que arrastra al cosmos al cabo del Gran Año destruyéndolo para su renacimiento o palingenesia, que, a su vez, será destruido de nuevo según los estoicos,  que se consideraban seguidores de Heraclito,  al final del nuevo ciclo. 


¿Llegará alguna vez el día feliz en que asistamos a la ceremonia, simbólica o real, de arriado y, acto seguido, incineración solemne de todas las banderas,  deterioradas y desgastadas por el uso y el abuso que de ellas se ha hecho a lo largo de la historia universal, y no sean sustituidas por otras nuevas ni repuestas, o, lo que sería lo mismo, el día en que estandartes, lábaros y pendones no sean más que lo que son, paños o trapos o retazos de tela que, izados en el mástil, ondean al viento sin  representar nada ni a nadie, carentes de cualquier significación y simbolismo, como las cometas multicolores de jirones de tela o cintas de papel que, sujetas por un cordel muy largo, se arrojan al aire para que el viento las vuele y sirvan de diversión a niños y muchachos?  

lunes, 13 de noviembre de 2017

Torres más altas han caído


Turris Chalifae (Arabice برج خليفة, in litteris Latinis Burj Khalifa),  Babelica atque altissima orbis terrarum structura ab hominibus facta,  in medio deserto, in  urbe Dubai,  sita est.

Según mis noticias, que pueden no ser muy fiables porque a estas alturas la estupidez humana progresa como la ciencia que es una barbaridad y puede que se haya levantado otro más alto todavía, el rascacielos más elevado del mundo se halla en la capital de los Emiratos Árabes, enorme símbolo itifálico donde los haya, posmoderna y estrambótica catedral gótica a modo de Torre de Babel que aspira vanamente a llegar hasta un Dios que no existe, última aberración arquitectónica -por ahora- del ingenio del género humano.

 La torre de Babel, Peter Brueghel el Viejo (1563).

Parece que estamos compitiendo a ver quién tiene la verga más larga y le mide más el aparato masculino del Poder en estado priápico de erección permanente.

Y, claro, la torre del Califa de Dubai, que así se llama en honor del jeque Jalifa o Califa ben Sayed al Nahyan, presidente de los Emiratos Árabes Unidos,  se lleva por ahora la palma con sus 828 metros de altura, si no son 829 –a ver quién se sube allá arriba a medirlos-, casi tres veces la torre Eiffel parisina, casi un quilómetro de soberbia hybris en un alarde de prepotencia tan machista como infantil.

La torre del Califa de Dubai, la más alta del mundo.

No les ha echado para atrás a sus arquitectos, promotores y constructores lo sucedido con el derrumbamiento de los Rascacielos Iguales de Nueva York víctimas de un ataque terrorista, a juzgar por la inauguración en medio de fastuosos fuegos artificiales de este neoengendro monumental y disparatado, babélica torre que se convierte en el edificio más alto del planeta a considerable distancia de sus más inmediatos seguidores, un despropósito más que se alza en medio del desierto hacia la nada del cielo azul y vacío de Dubai y que proyecta su alargada y siniestra sombra sobre nosotros.

En el libro bíblico del Génesis, capítulo 11, se habla de cómo Dios decidió crear la confusión de las lenguas, y, consiguientemente, las naciones, de modo que los hombres dejaran de formar un solo pueblo y de entenderse los unos a los otros al hablar distintos idiomas. Merece la pena leerlo. La traducción es de Nácar-Colunga: "Era la tierra toda de una sola lengua y de unas mismas palabras. En su marcha desde Oriente hallaron una llanura en la tierra de Senaar, y se establecieron allí. Dijéronse unos a otros: "Vamos a hacer ladrillos y a cocerlos al fuego." Y se sirvieron de los ladrillos como de piedra, y el betún les sirvió de cemento; y dijeron: "Vamos a edificarnos una ciudad y una torre, cuya cúspide toque a los cielos y nos haga famosos, por si tenemos que dividirnos por la haz de la tierra". Bajó Yavé a ver la ciudad y la torre que estaban haciendo los hijos de los hombres, y se dijo: "He aquí un pueblo uno, pues tienen todos una lengua sola. Se han propuesto esto y nada les impedirá llevarlo a cabo. Bajemos, pues, y confundamos su lengua, de modo que no se entiendan unos a otros". Y los dispersó de allí Yavé por toda la haz de la tierra, y así cesaron de edificar la ciudad. Por eso se llamó Babel, porque allí confundió Yavé la lengua de la tierra toda, y de allí los dispersó por la haz de toda la tierra".

Como escribía Félix de Azúa en su columna de El País del 26 de septiembre de 2017 titulada "Un amigo":  (...) los idiomas no son el lenguaje, sino un modo de estar en el mundo que manipulan los tiranos para arrodillarnos ante una identidad".  

 

Pallida Mors aequo pulsat pede pauperum tabernas / regumque turris, cantaba el poeta Horacio en aquel arquiloquio seguido de senario yámbico cataléctico, donde proclamaba la igualdad que la democrática muerte dispensaba a todos y a todo: “Pálida muerte golpea de idéntico pie chabolas pobres / y regias torres”.

sábado, 11 de noviembre de 2017

Corporis partes: V. -Con los pies.





Vamos a meternos ahora con la palabra “pie”, que procede de la latina “pedem”, cuya raíz,  una vez desprovisto el vocablo de su desinencia, resulta ped-. Espero no cometer ningún traspié, en cuyo caso mereceré un puntapié en salva sea la parte. Tendré cuidado de no meter la pata, ni la pezuña, palabra esta muy castiza, como demuestra su españolísima eñe, y que se acredita como procedente de pedis ungula, o lo que es lo mismo “uña del pie”.

No voy a buscarle los tres pies al gato, que no los tiene, por supuesto, ni los cien al ciempiés, ni los pieses  tampoco, que no hace falta marcar más de lo conveniente el plural, pero sí  trataré de andar con pies de plomo y no de barro, y con cuidado de no tropezar.

Así que vamos a hacer como si fuéramos  pioneros,   antiguo peoneros o soldados de a pie,  y  vamos a explorar el intrincado bosque de la etimología que nos deparará algún hallazgo sorprendente. Iniciamos nuestra expedición sin el impedimento de la mucha impedimenta, valga la redundancia,  o mucha carga de bagajes que nos impida (o empezca o empedezca, con voces más castizas y que también derivan de la raíz ped- del propio pie) caminar. Y es que debemos ir expeditos, o sea sin ataduras que nos estorben o impidan la marcha de nuestros pasos, sueltos.

Así pues, empezamos esta carrera pedestre campo a través con los pies, que es como empiezan las carreras, apoyándonos en nuestras dos extremidades inferiores, que por algo somos bípedos. Si fuéramos cuadrúpedos podríamos correr más apoyándonos sobre cuatro extremidades, como hace, por ejemplo, el guepardo, que dicen que es el cuadrúpedo más veloz., pero tenemos que conformarnos con los dos pies que tenemos.


Si queremos ganar velocidad, podemos utilizar algún vehículo como la bicicleta,   en el que podemos pedalear utilizando el pedal.    Deberíamos subir a su inventor el alemán Karl Drais a un pedestal o podium, o lo que es lo mismo con palabra más patrimonial nuestra, a un poyo, que es un banco de piedra, o punto de apoyo para los pies, o, ya puestos,  a una peana, como si de un santo se tratara, por haber inventado un vehículo tan sano y respetuoso con el medio ambiente como es el velocípedo, que tal fue el primitivo nombre hoy en desuso de la bici.

En la antigua Roma se llamaban pédites a los soldados de infantería o soldados de a pie, frente a los équites, caballeros o soldados de caballería, mucho más nobles, de más rancio abolengo y de mucho más ringorrango, o sea, con cierto pedigrí.

Curiosa palabra esta que los ingleses escriben pedigree pero que procede del francés pied de grue, o sea, pie de grulla (del latín grus). Al parecer, los criadores ingleses de caballos escribían en los registros genealógicos una marca formada por tres pequeños trazos rectilíneos, muy similar a la huella de una grulla, por lo que la expresión pied de grue, filtrada por el inglés pedigree, se utilizó para designar el árbol genealógico de un animal de pura sangre, lo que ahora decimos pedigrí en la lengua de Cervantes.  
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De ahí que, volviendo a los pédites, viene la palabra “supeditar”, que en principio significaba “proporcionar”, según el maestro Corominas, y más en concreto “enviar tropas de infantería, o sea, de a pie, como refuerzo”, pero que se reinterpretó como sinónimo de poner las cosas,  “sub”, o sea bajo nuestros pies, que es como la utilizamos ahora cuando decimos que hay que subordinar o condicionar una cosa a otra, aunque sin olvidar el significado  de dominar, sojuzgar o avasallar con violencia.

No nos olvidemos de los pedicuros que son aquellos que tienen por oficio cuidar de los pies, extirpando o curando los callos, por ejemplo. Ni nos olvidemos tampoco de aquellos cristos del poco poder o autoridades de poca monta que eran los alcaldes  pedáneos, así llamados porque su autoridad se restringía a aldeas, pedanías o núcleos pequeños de población cuya extensión podía recorrerse a pie en un día. 

Aunque hay algunos que no se apean nunca de su automóvil y que por lo tanto sólo utilizan los pies para pisar el embrague, el acelerador o el freno, y que como consecuencia de eso tienen que pagar el peaje o derecho de paso o tránsito por las veloces autopistas, todos somos, los conductores de autos también cuando se apean del vehículo que los conduce,   peatonespeones camineros que pagamos las peonadas o peones de los otros, o sea pédites,  en el enorme tablero de ajedrez  de días blancos y días negros que es el mundo.

viernes, 10 de noviembre de 2017

Resistencia numantina

Se ha hecho proverbial entre nosotros el empleo del gentilicio “numantino” -natural de Numancia, antigua ciudad prerromana de la Hispania Tarraconense- como sinónimo de “que resiste con tenacidad hasta el límite, a menudo en condiciones precarias”, como dice el diccionario de la RAE. Y es que el adjetivo "numantino" es casi un epíteto del sustantivo "resistencia", dado que indica una cualidad prototípica del sustantivo, cuyo significado intensifica, sin restringirlo.

Resistencia numantina es resistencia heroica hasta el final, dado que Numancia se ha convertido en un referente universal de la lucha a muerte de un pueblo por su libertad, independencia y supervivencia de su identidad, por lo que la historia de Numancia, convertida en leyenda, ha sido utilizada como símbolo por diversas ideologías. Se usa también el adjetivo figuradamente, sobre todo en política, aplicado a la actitud de quien defiende sus ideas a ultranza, generalmente más por interés que por convicción, haciendo de ellas una defensa tenaz hasta el límite, en condiciones desesperadas.

La expresión tiene su origen en la defensa de la ciudad celtíbera de Numancia, localizada hoy en la provincia de Soria, durante los sucesivos cercos que sufrió entre el 153 a. C. y 133 a. C., y que terminaron con el incendio de la fortaleza y el suicidio colectivo de los defensores, que prefirieron darse la muerte antes que rendirse a los invasores romanos. El moderno lema que aparece en el escudo de un regimiento de caballería español llamado "Numancia", ilustrado con el ave Fénix resurgiendo de sus cenizas que da pábulo al mito que aúna muerte y resurrección o renacimiento, resume muy bien este suceso: Prius flammis combusta quam armis Numantia uicta: Numancia, antes pasto de las llamas que vencida por las armas.

Al éxito de la expresión pudo colaborar la tragedia "La Numancia" o “El cerco de Numancia” que escribió don Miguel de Cervantes, y que se representó con notable éxito durante el sitio de Zaragoza, buscando la identificación de los zaragozanos con los numantinos, y los invasores franceses (e ilustrados) con los romanos en la defensa de la patria y de una identidad nacional que se ve amenazada por el yugo de un imperio extranjero. Como respuesta y rechazo a la invasión napoleónica se fomentó el espíritu de resistencia numantina, a partir de 1808.

Dibujo del cómic "Numancia, estrella del crepúsculo" de Ángel Benito Gastañaga

La tragedia cervantina concluye con el suicidio del último numantino. El joven llamado Bariato (cuyo nombre es reminiscencia del pastor lusitano Viriato) se niega a entregarle las llaves de la ciudad en llamas al general romano Publio Cornelio Escipión Emiliano, destructor de Cartago, que la ha sometido a un largo asedio de once meses, y se arroja desde la torre al vacío y muere, lo que le hace exclamar a Cipión (Escipión) estos hendecasílabos: ¡Oh! ¡Nunca vi tan memorable hazaña! /¡Niño de anciano y valeroso pecho, / Que, no sólo a Numancia, mas a España / Has adquirido gloria en este hecho! / Con tal vida y virtud heroica, extraña, / Queda muerto y perdido mi derecho. / Tú con esta caída levantaste / Tu fama, y mis victorias derribaste. / (…) Tú solo me has llevado la ganancia / Desta larga contienda, ilustre y rara; / Lleva, pues, niño, lleva la ganancia / Y la gloria que el cielo te prepara, / Por haber, derribándote, vencido / Al que, subiendo, queda más caído. El texto acaba con una acotación: (Entra la Fama, vestida de blanco, y dice (…)Alzad, romanos, la inclinada frente; / llevad de aquí este cuerpo, que ha podido / en tan pequeña edad arrebataros / el triunfo que pudiera tanto honraros (...)

 

La victoria romana fue una amarga victoria, un triunfo que no le reportó personalmente a Escipión ningún gozo, más bien un fracaso y una derrota. Y la derrota numantina, por su parte, se presenta como una victoria al fin y a la postre, por lo que los numantinos son convertidos en héroes que han dado sentido a su vida con una muerte heroica defendiendo hasta derramar la última gota de su sangre su independencia y su libertad, evitando así que ninguno de ellos pudiera ser esclavizado y exhibido como trofeo en el desfile triunfal en Roma. Floro dejó escrito: unus enim uir Numantinus non fuit qui in catenis duceretur:  no hubo ningún numantino que fuera llevado como prisionero encadenado. Por eso y porque no hubo ningún botín de guerra, concluye su relato sobre la guerra numantina: triumphus fuit tantum de nomine: el triunfo fue sólo nominal.

La emergencia de los sentimientos y aspiraciones nacionalistas, alimentados por las ideas románticas de unidad nacional y defensa de las esencias patrias frente a los ejércitos extranjeros, hizo que algunos episodios de nuestra historia se mitificaran y convirtieran en símbolos de la lucha del pueblo contra el Poder (extranjero no contra el propio que se ejerce sobre él), fomentándose el espíritu de resistencia frente al invasor y la sumisión al Poder nacional que se enfrenta al enemigo. Viriato, Sagunto, Numancia y finalmente las guerras astur-cántabras se convirtieron en hitos de la propaganda del nacionalismo decimonónico. 

Adolf Schulten, célebre historiador y arqueólogo alemán (1870-1960), escribió a propósito de las guerras de independencia contra el Imperio Romano, que concluyeron en la península ibérica con las guerras cántabro-astures, lo siguiente como prueba de ello: La guerra cántabra es una de las muchas guerras de independencia que han sostenido pueblos pequeños para defender su libertad contra una nación prepotente que les atacó sin otro motivo que el deseo de sujetarlos a su dominio o apoderarse de materias preciosas en el país atacado... Estas luchas por la libertad, que es lo más valioso en la vida del individuo y las naciones, despiertan en nosotros un interés particular. Detestamos el egoísmo brutal del agresor y admiramos la resistencia del pueblo atacado, en la que toman parte hasta los viejos, mujeres y niños, prolongándose muchas veces hasta alcanzar todos la muerte.

Ruinas de la Numancia romana, casa del médico o del escribano en la ladera sur.

En 1937, durante la Guerra Civil española, Rafael Alberti hizo una versión de la tragedia cervantina titulada Numancia: tragedia. Recojo la noticia de que no se trata de una simple adaptación y actualización del lenguaje, sino que sus cambios y modificaciones son muy significativos en el sentido de expresar su opinión sobre la contienda española que acababa de desencadenarse, tratando de incentivar la resistencia del público (y del pueblo) ante el golpe de Estado contra la república que acababa de dar el general Franco, el “¡No pasarán!”.

En el cerro de la Muela, en Garray, provincia de Soria, a pocos quilómetros de la capital “lejana y sola”, como cantó Machado, se alzan las ruinas de Numancia, según los descubrimientos arqueológicos. A ella le dedicó Gerardo Diego unos versos: Era en Numancia, al tiempo que declina / la tarde de agosto, augusto y lento, / Numancia del silencio y de la ruina, / alma de libertad, trono del viento.

miércoles, 8 de noviembre de 2017

La muerte de Séneca o El camino a la libertad

Uno de los textos latinos más contundentes que conozco y que menos indiferente deja a uno cuando lo lee es este de Séneca, nuestro filósofo cordobés, que os propongo y que podríamos titular Via ad libertatem o, tomando el título del propio texto, Ad libertatem iter,  o sea El camino a la libertad. (La referencia es De ira III, 15, 4).  Dice así: Quocumque respexeris, ibi malorum finis est. A dondequiera que vuelvas la vista, allí está el fin de tus males. Vides illum praecipitem locum? ¿Ves aquel despeñadero? illac ad libertatem descenditur. Por allí se baja a la libertad. Vides illud mare, illud flumen, illum puteum? ¿Ves aquel mar, aquel río, aquel pozo? libertas illic in imo sedet. Allí, en su fondo, reside la libertad. Vides illam arborem breuem retorridam infelicem? ¿Ves aquel árbol no muy alto, reseco, sin fruto?  pendet inde libertas. De él cuelga la libertad. Vides iugulum tuum, guttur tuum, cor tuum? ¿Ves tu yugular, tu garganta, tu corazón? effugia seruitutis sunt. Son válvulas de escape de la esclavitud. Nimis tibi operosos exitus monstro et multum animi ac roboris exigentes? ¿Te muestro salidas muy dificultosas y que exigen mucha voluntad y fuerza? Quaeris quod sit ad libertatem iter? quaelibet in corpore tuo uena. ¿Me preguntas  cuál es el camino hacia la libertad? Cualquier vena de tu cuerpo. 

A la pregunta de cuál es la vía más sencilla hacia la libertad, Séneca responde, después de considerar el lanzamiento al vacío por un precipicio, el ahogamiento en el agua, la horca o una puñalada en la yugular o el pecho,  que cualquier vena que se abra de nuestro cuerpo. De alguna manera estaba preanunciando su propio suicidio no voluntario, sino ordenado por el emperador Nerón, que el filósofo cordobés aceptó, a la fuerza ahorcan, con estoica resignación.

Según parece, el maestro había participado en una conspiración política encabezada por Calpurnio Pisón, la célebre conjura de Pisón,  junto con otros intelectuales como Petronio y Lucano, que estaban en contra del tirano, para derrocar a Nerón -del que el propio Séneca había sido preceptor. El castigo imperial no se dejó esperar: el emperador ordenó que los conjurados se suicidaran.
Séneca, después de abrirse las venas  de Manuel Domínguez Santos (1840-1906). 

Al ver este cuadro y la figura del sabio que yace muerto en la bañera, nos viene enseguida a la memoria el más famoso lienzo de David La muerte de Marat, con el brazo del revolucionario cayendo lánguidamente, en el que parece haberse inspirado nuestro pintor. 
La mort de Marat, J.L David (1793)

El historiador Tácito (Anales, libro XV, 62-64) relata, sine ira et studio, es decir, sin encono ni parcialidad, como era costumbre en él,  la muerte del cordobés en estos términos: (Un centurión ha venido a anunciarle a Séneca que debe quitarse la vida por orden del emperador Nerón).  Él, sin inmutarse, pide las tablillas de su testamento; como el centurión se las niega, se vuelve a sus amigos y les declara que, dado que se le prohíbe agradecerles su afecto, les lega lo único, pero lo más hermoso, que posee: la imagen de su vida; si se acuerdan de ella, tendrán la  reputación de hombres virtuosos como premio por tan constante amistad. Al tiempo procura convertir su llanto en entereza, ya hablándoles en tono llano, ya con mayor energía y como reprendiéndolos; les pregunta dónde están los preceptos de la filosofía, dónde los razonamientos por tantos años meditados frente al destino. ¿A quién había pasado desapercibida la crueldad de Nerón? Asesinados su madre y su hermano -les decía- ya nada le faltaba sino añadir a esas muertes la de su educador y maestro.

  Grabado de Séneca desangrándose.

Hechas estas y similares consideraciones como hablando para todos, abraza a su esposa y, un poco conmovido a pesar de su inquebrantada entereza, le ruega y suplica que modere su dolor y no lo haga eterno, antes bien, que en la contemplación de una vida transcurrida en la virtud se acomode a soportar con honorables consuelos la añoranza de su marido. Pero ella le responde asegurándole que tiene decidido morir también, y reclama la mano del ejecutor. Entonces Séneca, por no oponerse a su gloria, y al tiempo por amor a ella,  no queriendo dejar a la que amaba como a nadie expuesta a los agravios, le dice: «Yo te había mostrado los aspectos gratos de la vida; tú prefieres el honor de la muerte; no me mostraré envidioso ante un ejemplo así. Sea la fortaleza de esta muerte tan valerosa igual por parte de ambos, pero tu final merecerá más gloria.» Tras esto y de un mismo golpe se abren las venas de los brazos con el hierro. Como a Séneca, debilitado su cuerpo por la vejez y la parquedad en el alimento, la sangre se le escapaba lentamente, se abrió también las venas de los muslos y pantorrillas. Extenuado por crueles sufrimientos, a fin de no quebrantar con su dolor el ánimo de su esposa y no dejarse él llevar a la debilidad al contemplar los tormentos que ella padecía, la persuade a que se retire a otra habitación. Todavía en posesión de su elocuencia en su momento supremo, hizo venir a los secretarios y les dictó abundantes líneas que, dado que han sido ya divulgadas en sus términos literales, me excuso de glosar aquí.

...Entretanto Séneca, como se alargaba el lento trance de su muerte, pide a Estacio Anneo, en cuya amistad y arte médica confiaba por larga experiencia, que le proporcione un veneno prevenido desde tiempo atrás, el mismo por el que morían los condenados por público juicio en Atenas; se lo llevó y de nada le sirvió tomarlo, porque al estar ya fríos sus miembros se cerraba su cuerpo a la acción  del tóxico. Por fin entró en un baño de agua caliente, y salpicando a los esclavos que se encontraban a su lado añadió que hacía libación de aquellas aguas a Júpiter Liberador...

El texto de Tácito, como apunta en su espléndida traducción publicada por la Biblitoteca Clásica Gredos, José Luis Moralejo, galardonado en 2009 con el Premio Nacional de Traducción,  alude en el último párfafo al veneno de la cicuta, estableciendo un paralelismo entre la muerte de Sócrates y la de Séneca. Por otra parte, el rito de la libación que allí se menciona consistía en derramar por tierra la bebida que se ofrecía a los dioses para pedirles o agradecerles algo. Séneca considera su muerte como una liberación.
La muerte de Séneca de P. P. Rubens (1577-1650).
Este cuadro se inspira directamente en la narración  de Tácito que hemos leído. Muestra al maestro en el centro de la composición metido en el barreño. Su musculatura nos recuerda un poco a las esculturas renacentistas de Miguel Ángel. A la derecha vemos al médico amigo que lo ayuda a desangrarse, a la izquierda, agachado, un discípulo tomando las notas que él le dicta en el trance de su muerte, palabras que por cierto no se han conservado,  y detrás de él al centurión y un legionario, admirando la entereza y la resignación con la que el sabio afronta su destino. 

domingo, 5 de noviembre de 2017

Corporis partes: IV .- Con el culo al aire.

En nuestro despiece anatómico y etimológico humano, le toca hoy el turno a esa zona donde la espalda pierde su nombre, o sea, a los cuartos traseros o, dicho sin eufemismos y en román paladino, al culo.  No queremos confundir el culo con las témporas, como se dice en castellano viejo para referirnos a las sienes, que no a los tiempos litúrgicos de ayuno al comienzo de las estaciones, que también se llaman témporas, por cierto, y que tanto observa el vulgo para el pronóstico meteorológico y para iniciar conversaciones anodinas sobre cómo han quedado las susodichas. Así que vamos a centrarnos en las nalgas (del latín náticas>nadicas>nadigas>nadgas>nalgas, en portugués se conserva nadegas) y a dejar las sienes para mejor ocasión.


El cuadro de Velázquez "La Venus del espejo" es, precisamente, una exaltación del culo femenino, que aparece, rotundo y generoso, en un primer plano, a despecho del rostro, que se ve difuminado y relegado al segundo plano del espejo que sostiene Cupido.

Culo se decía en latín CULUM, y de ahí nos ha venido a nosotros la palabra. Echemos una rápida ojeada al resto de las lenguas neolatinas, donde, como cabe esperar de antemano, la palabra ha evolucionado de diversas formas: en italiano tenemos culo, igual que en castellano, cu en gallego y en portugués, cul  en francés,  catalán y provenzal,  y cur en rumano.

En latín había también una palabra ANUM que significaba anillo, aro, cuyo diminutivo era ANULUM, y que hacía alusión a todo lo que tenía forma circular, de donde nos ha quedado el nombre del dedo anular o propio para llevar la sortija, y de donde nos viene también, a través de otro sufijo de diminutivo (ANELLUM) el nombre del anillo. La palabra ANUM servía en latín como metáfora para referirse al orificio en el que termina el tubo digestivo, de donde nos viene a nosotros el nombre culto de ano, del que ha derivado el adjetivo anal.

Muchas veces se utilizan expresiones eufemísticas para no llamar al pan pan y al vino vino, es decir, a las cosas por sus nombres comunes y corrientes. Entre nosotros han hecho fortuna para referirse a “salva sea la parte” términos como trasero, asentaderas, posaderas, cachas o nalgas, y hasta glúteos, que es vocablo más culto y helenismo, derivado del griego glutós. Para el médico especialista en esa zona se utiliza el griego: proctólogo, que el diccionario de la RAEL define como el especialista en proctología, y ésta (dado que proctos es el nombre del ano en griego) como conjunto de conocimientos y prácticas relativos al recto y a sus enfermedades. En portugués, por su parte, se utilizan como eufemismos traseiro y funda; y en italiano, sedere y deretano.

En sentido figurado el culo de una cosa es su parte inferior o posterior (por ejemplo, el culo de la botella, para referirnos al fondo). De ahí tenemos que la  culata es la parte posterior de la caja de las armas de fuego portátiles y  el culatazo, el golpe que se da con la culata. Existe la expresión el “culo del mundo” para aludir al último rincón del globo, es decir, a un lugar muy lejano. Tenemos también la culera del pantalón, que es el remiendo que se ponía en los fondillos de los pantalones.  El adjetivo cular significa perteneciente o relativo al culo, pero hablando de morcillas o de chorizos culares  aludimos a los elaborados con la tripa más gruesa. Una culada es un golpe de culo.


Disponemos también de los verbos encular,  vulgarismo que se utiliza en lugar del culto sodomizar, de reminiscencias bíblicas, que hace alusión a la práctica del coito anal en Sodoma y Gomorra; culear,  con el mismo significado en muchos países de Hispanoamérica -donde se oyen las voces malsonantes   culiao y culiá en lugar de los participios culeado y culeada, porque se ha roto el hiato "ea" diptongando en "ia",  y  ha caído la oclusiva dental sonora intervocálica-, y con el de “menear el culo” entre nosotros,   y recular, que es préstamo francés  sinónimo de retroceder.

La palabra puede desfigurarse con varios sufijos tanto de diminutivo (cul/ito, cul/ín, cul/ete), como de aumentativo (cul/ón, cul/azo), según los procedimientos habituales de nuestra lengua, exagerando algunos de sus rasgos definitorios. A través del francés hemos tomado culotte y lo hemos castellanizado culotes, para los calzones o bragas femeninas, y más en concreto para la prenda que usan los ciclistas.

Igualmente hay muchos compuestos con el primer elemento culi- seguidos de algún adjetivo o participio como culiprieto, culilimpio, culisucio, culigordo,  culinegro, culirroto… El diccionario de la RAEL sólo recoge culinegro que define como “de culo negro”,  pero no los otros que  hemos citado y que, sin embargo, son producciones vivas que cualquier hablante de nuestra lengua comprende enseguida inmediatamente.

En cuanto a algunas expresiones abundantes en nuestra lengua que contienen esta palabra, se dice de alguien que es un culo de mal asiento o un culo inquieto cuando la persona no parece estar a gusto en ninguna parte, y necesita cambiar constantemente de sitio.   También hay expresiones escatológicas como mandar a alguien o algo a tomar por (el) culo, es decir, muy lejos, o lamer el culo a alguien, que  es una locución malsonante por la repugnancia de la imagen que suscita,  y que significa adular servilmente a una persona para conseguir algo de ella, de donde procede también el compuesto lameculos, que se utiliza como sinónimo un tanto grosero del desusado tiralevitas.

Ir de culo es ir mal y la expresión perder el culo, sin embargo, significa darse mucha prisa. Resulta cómica porque alguien, por mucho que corra, nunca va a perder esa parte de su anatomía… La expresión mojarse el culo es sinónima de comprometerse, por la reminiscencia del refrán "el que quiera truchas que se moje el culo"; es decir que para conseguir este pez de verdad hay que meterse al río, y mojarse hasta las cachas, dado que la otra opción es la compra, previo pago, en la pescadería de unas truchas que seguramente provendrán de una piscifactoría.

La expresión, ya desusada, a culo pajarero significa con el culo al desnudo o con el culo al aire, que es quedarse "en situación comprometida por haberse descubierto algo". Con el culo literalmente al aire se halla esta Venus Calipigia (o "Venus de las bellas –cali, como en caligrafía-   nalgas –pigia-" o, con una traducción alternativa, "Venus de culo bonito"), expuesta en el Museo Nacional de Nápoles, una estatua del período helenístico, siglo II antes de Cristo. Se considera que se trata de la diosa Venus/Afrodita mostrando sus nalgas generosas y caderas al público y a su propia consideración, como si quisiera cerciorarse de que todo está en su sitio. La estatua, en lugar de representar a la diosa, podría ser la viva imagen de una hetera o prostituta. Hay quien ha llegado a identificarla , incluso, con una famosa “puella gaditana”, una tal Teletusa, célebre por la sensualidad de su danza. 

Venus Calipigia

Para los aficionados al balompié, resulta curioso que llamen culés a los hinchas del Barcelona FC, parece que el nombre viene de que en el primitivo campo de fútbol los espectadores se sentaban  sobre la tapia, por lo que se llamaban culers en catalán, Se perdió la r final y la palabra quedó reducida a su forma actual culé.